El Miércoles de Ceniza es el día que marca el inicio del Tiempo de Cuaresma con el elocuente signo de la imposición de ceniza, ya sea sobre la frente o, como se estila aún en muchas comunidades, en la coronilla. Este gesto de imponer la ceniza en la coronilla tiene el sentido de “ocultar” el signo a la vista de los demás y busca cumplir de cierta forma lo que Jesús dice en el Evangelio de Mateo que se escucha en la Misa del día: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean” (Mt 6, 1). Es decir, no exhiban los signos de sus obras de piedad para que todos se den cuenta de lo “buenos” que son.
Hay que recordar que, en la antigüedad, la Cuaresma era precedida por 3 semanas que también estaban marcadas por el tono penitencial y de conversión, en las que incluso ya se había dejado de cantar el Allelúia: la Septuagesima, la Sexagesima y la Quinquagesima. El Miércoles de Ceniza se ubicaba justamente como la Cuarta Feria de la Quinquagesima.
El repertorio del Canto Gregoriano indica para esta celebración el Introitus “Miseréris ómnium” que se encuentra en la página 62 del Graduale Triplex (GT) y que toma el texto de la Antífona del capítulo 11 del Libro de la Sabiduría, mientras que el versículo salmódico que canta el solista está tomado del versículo 2 del Salmo 57 (56).
Como se puede apreciar en el mismo GT a través de las letras BCKS que están sobre la letra capitular, el texto de este canto forma parte del llamado fondo auténtico del Canto Gregoriano pues su texto se encuentra ya en los Graduales de Mont-Blandin (B) (s. VIII-IX), Compiègne (C) (segunda mitad del s. IX), Corbie (K) (después del 853 d.C.) y Senlis (S) (entre el 877 y el 882 d.C.). Por otra parte, los neumas antiguos se encuentran en los manuscritos de Laon 239 (después del 930 d.C.), en el folio 37, y de Einsiedeln 121 (inicios del s. XI), en el folio 93. Esto se puede apreciar claramente en los recuadros que aparecen del lado izquierdo de la página del GT que mostramos, en donde puede leerse L37 y E93. Estamos entonces ante un canto que claramente la Iglesia ha cantado durante al menos 13 siglos. ¿Qué es lo que la Iglesia canta al inicio de esta celebración, que da inicio a un tiempo marcado por la conversión y que tiene como meta la celebración de la Pascua?

Texto del Introitus "Miseréris ómnium" en el Gradual de Mont-Blandin
Para responder a esta pregunta, es necesario primero hacer un análisis del texto, que nos permita entender el mensaje que la Iglesia busca transmitir con este Introitus en una celebración tan significativa. También haremos posteriormente un análisis breve de su modalidad y de la notación neumática, a nivel semiológico. El texto del canto dice:
Miseréris ómnium, Dómine, et nihil odísti eórum quæ fecísti, dissímulans peccáta hóminum, propter pæniténtiam, et parcens illis: quia tu es Dóminus, Deus noster.
que traducido al español sería:
Tienes misericordia de todos, Señor, y nada aborreces de lo que has hecho, pasando por alto los pecados de los hombres, para que se arrepientan, y perdonándolos, porque Tú eres el Señor, Dios nuestro.

Página del Graduale Triplex (1979) en donde se muestra el Introitus "Miseréris ómnium"
Ya se mencionó que el texto de la Antífona está tomado del capítulo 11 del Libro de la Sabiduría, pero ¿está tomado textualmente o, como es común en el Canto Gregoriano, ha sido objeto de una elaboración textual que busca señalar ciertos aspectos, como parte de la exégesis que a nivel litúrgico se quiere brindar? Comparemos el texto con su fuente bíblica original.
El GT indica que el texto ha sido tomado de los versículos 24-25 y 27, así que veamos cuál es el texto original de esos versículos en la Vulgata Editio de San Jerónimo, con su correspondiente traducción al español:
24 Sed miseréris ómnium, quia omnia potes; et dissímulas peccáta hóminum, propter pæniténtiam.
Pero tienes misericordia de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan.
25 Díligis enim omnia quæ sunt, et nihil odísti eórum quæ fecísti; nec enim ódiens aliquid constituísti aut fecísti.
Porque amas todas las cosas que existen, y no aborreces nada de lo que has creado; pues no has establecido ni hecho nada por odio.
27 Parcis autem ómnibus, quoniam tua sunt, Domine, qui amas ánimas.
Pero tú a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, que amas las almas.

El texto del Introitus "Miseréris ómnium" en el Gradual de Compiègne.
Comparando el texto del Introitus, como aparece en el GT y en sus fuentes antiguas, con los textos bíblicos, es claro que el texto ha sido objeto de varios tratamientos textuales y no ha sido utilizado tal como aparece en la Biblia. El Introitus inicia diciendo “Miseréris ómnium, Dómine” que claramente es una reelaboración de la frase de apertura del versículo 24 a la que se ha agregado la palabra “Dómine” para proporcionar un sujeto al original “Sed miseréris ómnium”, de manera que no se diga “Pero eres misericordioso” sino que se afirme “Eres misericordioso, Señor”. Además, se ha eliminado la parte que dice “quia omnia potes”, que de alguna manera es sustituida por “Dómine”.
El texto del Introitus continúa con la segunda parte del versículo 25, diciendo “et nihil odísti eórum quæ fecísti”, es decir “y no aborreces nada de lo que has hecho”, sin realizar ninguna modificación al original.
El Introitus regresa después al versículo 24 diciendo “dissímulans peccáta hóminum, propter pæniténtiam” pero modifica el texto ya que en lugar de “dissímulas”, como aparece en el texto bíblico original, utiliza “dissímulans”. El término “dissímulas” es un verbo que indica una acción directa, mientras que “dissímulans” es un participio que indica una acción que está realizándose. En otras palabras, el Introitus no quiere expresar que Dios “pasa por alto” los pecados de los hombres, sino que “está pasando por alto” esos pecados. Es decir, no está describiendo una característica de Dios (el hecho de que pase por alto los pecados) sino que está declarando que Dios lo está haciendo ahora mismo, en este momento, para que los hombres se arrepientan. Esta es una clara reelaboración del texto que tiene una intención exegética evidente en relación con la celebración que está iniciando y que nos invita a convertirnos, arrepintiéndonos de nuestros pecados (“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”).

El texto del Introitus "Miseréris ómnium" en el Gradual de Corbie.
El Introitus cierra con el texto “et parcens illis” tomado del inicio del versículo 27 pero también claramente modificado, ya que el original bíblico dice “Parcis autem ómnibus”, es decir “Pero tú a todos perdonas”. Nuevamente hay un cambio en el uso del verbo, además de una modificación sustancial del texto. Mientras que el texto original del Libro de la Sabiduría nuevamente habla de una característica de Dios, el hecho de que a todos perdona "parcis", el Introitus insiste en usar un verbo en participio "parcens" (“y perdonándolos”) para indicar que no sólo está pasando por alto los pecados de los hombres, o ignorándolos, sino que está perdonando a esos hombres que han pecado. Es decir, Dios no sólo “mira hacia otro lado” para no ver nuestros pecados, sino que, mirándolos y conociéndolos, está perdonando a quienes los han cometido (“illis”), y lo hace hoy, en este preciso instante.
Y ¿cuál es la razón de esta acción constante de perdón por parte de Dios? El texto del Libro de la Sabiduría dice en el versículo 27 que la razón es “quoniam tua sunt, Dómine, qui amas ánimas” o sea “porque son tuyos, Señor, que amas las almas”. Sin embargo, el Introitus va más allá y también modifica este texto para decir “quia tu es Dóminus, Deus noster”, es decir “porque Tú eres el Señor, Dios nuestro”, haciendo una clara profesión de fe y dejando ver que la Iglesia cree en un Dios que continuamente tiene misericordia, que no aborrece a sus creaturas, sino que todo el tiempo está ignorando nuestras faltas y perdonándonos. Es ese Dios en el cual la Iglesia cree y cuya misericordia recuerda a través del canto al inicio de este tiempo de conversión, que es el Tiempo de Cuaresma.
Podemos ver entonces que el texto original del Libro de la Sabiduría ha sufrido varios tratamientos textuales. Ha sido sujeto a una centonización, es decir el texto ha sido construido a partir de “pegar” fragmentos del texto en distinto orden al que tienen en el original, hay una extrapolación textual del fragmento del versículo 25 y una reelaboración de los versículos 24 y 27.

El Introitus "Miseréris ómnium" para el Miércoles de Ceniza en el manuscrito adiastemático de Laon 239, con notación metense o lorena.
Sobre este texto, el Canto Gregoriano crea una melodía que se convierte en vehículo para transmitir una exégesis eclesial del texto que se acaba de analizar. El Modo en el cual está compuesta esta Antífona es el Protus Autenticus, es decir el Modo I. Como explica el P. Claudio Campesato en su libro “Allegoria Modale”, en el Tomo III de la Summa de officiis ecclesiasticis de Guillermo de Auxerre (primer tercio del S. XIII) este Modo I es vinculado alegóricamente con la unicidad de Dios, con su carácter de Dios único a partir del cual podemos esperar efectivamente cualquier cosa en nuestro favor, ya sea la liberación o el auxilio (Campesato C. Allegoria Modale. Theologia mundi ex urbe. Kleine Schriften/Collected Papers. Lit Verlag. Zürich, 2021, p. 85-86). Esta idea claramente coincide con lo que se expresa en la Antífona de este Introitus: el perdón de los pecados es posible sólo por la acción continua de Dios.
Veamos ahora lo que, a nivel semiológico, transmiten los neumas de la notación sangalesa y metense que encontramos abajo y arriba, respectivamente, de la notación vaticana en el GT.
La afirmación inicial, acerca de la misericordia de Dios, se trata con neumas simples, cursivos, que no nos piden detenernos en dicha realidad y nos hacen dirigir la mirada hacia la siguiente frase: “et nihil odísti eórum quæ fecísti” en la cual la palabra “nihil” recibe un especial subrayado al articular la primera nota de un scandicus quilismatico flexus resupinus, tanto en Einsiedeln (imagen superior) como en Laon (imagen inferior), para después dar paso a subrayados en las sílabas tónicas de las palabras “odísti” (pes cuadrado en Einsiedeln y pes desagregado en Laon) y “eórum” (clivis episemada en Einsiedeln y clivis desagregada en Laon). El Canto Gregoriano nos hace detenernos a meditar, en primer lugar, que Dios “no aborrece nada de lo que ha hecho”.


Es en la siguiente frase, “dissímulans peccáta hóminum, propter pæniténtiam”, donde encontramos el núcleo de este Introitus. El participio “dissímulans” es tratado de manera muy simple, silábica, con valores ligeros: tractulus, virga, pes redondo y tórculus en Einsiedeln (primera imagen a la izquierda); uncinus, dos podatus ligeros y tórculus en Laon (primera imagen a la derecha). Es como si el propio canto “pasara por alto” esta acción de Dios para señalar con mayor fuerza aquello que es el objeto de esta acción continua de Dios: los pecados de los hombres. Este texto es subrayado con neumas de valor silábico alargado (siguientes dos imágenes): pes cuadrado en la sílaba tónica de “peccáta” (pes desagregado en Laon, imagen inferior derecha), pes subbipunctis con articulación inicial en la primera sílaba de “hóminum” y clivis episemada en la sílaba final de esa misma palabra (clivis desagregada en Laon). El canto nos recuerda que Dios ignora precisamente “los pecados de los hombres”, pero la exégesis sonora no se detiene allí, la melodía llega a su culminación melódica justamente en la siguiente parte de la frase, la que indica la razón por la cual Dios está “pasando por alto” esos pecados.






En la semi-frase “propter pæniténtiam”, se alcanza en la sílaba pretónica de "pæniténtiam" un Re agudo, nota tónica del Modo I en que está compuesto este canto, pero en la octava superior, y hay un evidente subrayado en todas las palabras: Einsiedeln utiliza dos pes cuadrados sobre “propter” y Laon usa los correspondientes pes desagregados; sobre “pæniténtiam” Einsiedeln (arriba) y Laon (abajo) escriben en la primera sílaba un scandicus quilismático con articulación inicial; sobre la segunda sílaba Einsiedeln escribe una clivis ligera seguida de un pressus maior, mientras Laon escribe dos clivis ligadas; en la sílaba tónica Einsiedeln escribe un tractulus pero Laon utiliza una licuescencia, dotando a la sílaba de un valor estructural aún mayor; en la sílaba siguiente, ambas notaciones escriben un scandicus subbipunctis resupinus con articulación al agudo y articulación final simple, finalizando con una clivis episemada en el caso de Einsiedeln y una clivis desagregada en Laon. Es claro que el canto busca señalar con gran fuerza el hecho de que Dios está mostrando su misericordia “para que se conviertan”.
Ahora en la frase final, “et parcens illis: quia tu es Dóminus, Deus noster”, los neumas de ambas notaciones antiguas (Einsiedeln a la izquierda y Laon a la derecha) nos hacen entender, a través de valores silábicos alargados, que esta actitud de “olvidar los pecados de los hombres”, Dios la realiza “perdonándolos”, es decir, perdonando en el aquí y ahora a esos hombres que han pecado. Esto es evidente con el tratamiento rítmico que hace sobre las palabras “parcens illis” en donde la primera sílaba de “parcens” es puesta en evidencia con una clivis alargada con tenete, seguida de una licuescencia y, de manera análoga, la palabra “illis” recibe un tratamiento semejante con una clivis de valor alargado, seguida de una clivis ligera y una licuescencia final, concluyendo el neuma con un trigon resupino prepunctis con articulación inicial y final. Por otra parte, la sílaba final de “parcens” presenta un climacus con valores totalmente alargados con una repercusión al unísono. Laon realiza un tratamiento semejante, pero ya que esta notación no conoce el trigon, en su lugar vemos un punto ligero seguido de un porrectus con articulación final simple.


La Antífona termina dejándonos claro quién es la figura central en esta acción misericordiosa. No es, claramente, el pecador que recibe el perdón, sino Dios, hecho que se hace evidente con el melisma sobre la palabra “tu” y el evidente subrayado de la palabra “Deus” como puede apreciarse tanto en Einsiedeln (arriba) como en Laon (abajo). Interesante señalar, finalmente, que el neuma utilizado para “noster” es el mismo utilizado en las dos sílabas finales de “pæniténtiam”, pero ubicado una quinta por debajo, para terminar en el Re grave, tónica del Modo I. Es como si el canto estuviera afirmando que quienes realmente se arrepienten, son quienes verdaderamente pueden llamar a Dios, “nuestro”.


La semiología entonces nos permite entender aún con mayor profundidad el mensaje ya desvelado a través del simple análisis textual: Dios, que tiene misericordia de todos, no aborrece nada de lo que ha creado (primera idea importante) y está dejando pasar los pecados de los hombres. El hecho de dejarlos pasar no es lo importante, lo relevante es aquello que es objeto de esa acción, es decir, los pecados de los hombres (segunda idea importante). El canto nos revela además que esta acción continua de Dios tiene como finalidad que nos arrepintamos (tercera idea importante) y que dicha acción de estar ignorando los pecados, Dios la realiza perdonando a los pecadores continuamente (cuarto concepto subrayado). Finalmente, la profesión de fe con la que cierra el Introitus, deja claro en quién es que la Iglesia, comunidad de convocados y arrepentidos que hoy inicia este camino cuaresmal, cree como fuente de misericordia y perdón: ese “Tú” que es Dios, el Dios nuestro.
Este Introitus nos hace entrar en contacto con una de las realidades más asombrosas de nuestra fe: la infinita misericordia de Dios quien, por pura gracia, no sólo no aborrece nada de lo que ha creado, no solamente ignora nuestras faltas continuamente, sino que a cada momento está perdonándonos para que, al experimentar su gratuita misericordia, nuestro corazón se mueva al arrepentimiento y nos convirtamos. Que esa sea la actitud con la que vivamos esta Cuaresma que apenas ha iniciado.
Para terminar, te invitamos a escuchar el Introitus “Miserére ómnium” para este Miércoles de Ceniza en el siguiente video: