Viernes, 05 Junio 2026

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Cibávit eos: El Introitus de la Solemnidad de Corpus Christi

Cibávit eos: El Introitus de la Solemnidad de Corpus Christi

La Quinta Feria después del domingo de la Santísima Trinidad, es decir el jueves siguiente, el calendario litúrgico señala la celebración, dentro del llamado Tiempo Ordinario, de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, definida tradicionalmente como Solemnidad de Corpus Christi o de Corpus Domini. El repertorio gregoriano para esta Solemnidad se encuentra actualmente en el Graduale Triplex (GT) a partir de la página 377, donde se encuentra el Introitus Cibávit eos (GT 377-378). En las páginas siguientes del GT podemos encontrar una indicación que muestra la ubicación del Graduale Óculi ómnium (GT 343), así como los tetragramas del Alleluia Caro mea vere est cibus (GT 378), de la famosa Sequentia, con texto de Santo Tomás de Aquino, Lauda Sion Salvatórem (GT 379-383) y del Communio Qui mandúcat (GT 383) que se utiliza en los años A y B del ciclo trianual de lecturas. También se encuentra la indicación para ubicar los dos Offertoria Portas caeli (GT 207) y Sanctificávit Moyses (GT 338) que pueden utilizarse en la celebración, así como el Communio para el Año C, Hoc corpus (GT 170). Este último Communio es el que también se utiliza en la Missa in Coena Domini de la tarde del Jueves Santo.

El repertorio de esta Solemnidad, si bien se encuentra reportado en las antiguas fuentes antiguas “a campo aperto”, al menos en notación sangalesa y metense, transcritas en el Graduale Triplex (Einsiedeln 121 y el Cantatorio para notación sangalesa y Laon 239 para la notación metense), se ha asignado a una celebración tardía. La historia de la liturgia nos enseña, de hecho, que fue el Papa Urbano IV en 1264 con la Bula “Transicturus” quien instituyó esta Solemnidad, hasta entonces ausente en el calendario litúrgico, después de un largo período de reflexión eclesial y después del célebre milagro eucarístico de Bolsena en 1263, que abrió definitivamente el camino a la institución de esta Solemnidad en el transcurso del año litúrgico.

Tomando en cuenta este dato, resulta evidente cómo el repertorio gregoriano relativo a esta Solemnidad requiere necesariamente de una valoración cuidadosa. Si, de hecho, el Graduale Triplex reporta para esta Misa cantos provistos de la antigua notación adiastemática, es por otro lado muy claro, que se trata de adaptaciones de cantos pertenecientes al llamado fondo primitivo o auténtico, utilizados también para esta Misa según el criterio de pertinencia, con el cual se busca que el texto de los cantos se adhiera al tema de la celebración, a las lecturas, en definitiva, a un contexto nuevo y apropiado, aunque no propio. Es esto lo que efectivamente ocurre en la serie de cantos que encontramos en el Graduale Triplex para la Misa de la Solemnidad del Corpus Domini.

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Fig. 1. Página del Graduale Triplex que muestra el Introitus Civábit eos para la Solemnidad de Corpus Domini

El Introitus, Cibávit eos (GT 377) es quizá el canto que de alguna manera simboliza este criterio de adaptación. Existen algunas diferencias entre los Graduales Romanos pre y post conciliares de 1908 y 1974. Ambos muestran este canto como Introitus de esta Misa. El Graduale Romanum de 1908, sin embargo, repite este canto para esta Solemnidad, porque su primera ubicación en dicho volumen, en perfecta concordancia con el testimonio de las fuentes antiguas, es la Segunda Feria, es decir el lunes, de la Octava de Pentecostés. Esta ubicación está ausente en el Graduale Triplex debido a la supresión post conciliar de la Octava de Pentecostés.

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Fig. 2. Fragmento del folio 257 del manuscrito de Einsiedeln 121 que muestra el Introitus Cibávit eos. Nótese la indicacion "Feria II" en la parte superior.

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Fig. 3. Fragmento del folio 126 del manuscrito de Laon 239 que muestra el Introitus Cibávit eos con la clara indicación "Fer II" en la parte superior del canto.

La ubicación de este Introitus en la Misa de Corpus Domini responde perfectamente al criterio de pertinencia. El texto, de hecho, tomado del versículo 17 del Salmo 81 (80), alude a un alimento que quita el hambre, que sacia:

Cibávit eos ex ádipe fruménti, alleluia: et de petra melle saturávit eos, alleluia, alleluia, alleluia.

La traducción al español de este texto es:

Los alimentaste con flor de trigo, aleluya; y los saciaste con miel de roca, aleluya, aleluya, aleluya.

Es obvia la adaptación de este canto al contexto del Corpus Domini, pero su ubicación original justo después de Pentecostés – hay que recordar que es el Introitus del día siguiente, el lunes de la Octava justamente – ofrece una clave de lectura distinta, más bien como “resonancia”, así puede llamársele, del evento celebrado el día anterior. La proclamación de este texto en la reflexión y la exégesis eclesial ligada al evento de Pentecostés, antes que una alusión al don del pan eucarístico, interpretación claramente asumida por la Iglesia misma después de instituir esta Solemnidad, es ante todo una alusión al Espíritu Santo y a sus dones. Los Padres de la Iglesia asociaban la figura de la miel a la sabiduría y la figura de la roca, a Cristo mismo. Estas figuras claramente aparecen en el texto de la Antífona de este Introitus (de petra melle), casi para decir que el primer don de Pentecostés es, precisamente, la miel de roca, es decir la sabiduría de Cristo.

La construcción melódico-rítmica de esta Antífona, de hecho, reserva a este binomio petra melle un subrayado especial. La sílaba tónica de petra está asociada a una clara repercusión de dos sonidos de valor subrayado (una bivirga sangalesa y dos uncinus con augete metenses) mientras que la segunda palabra melle inicia con una licuescencia sobre el acento (un cephalicus, en ambas notaciones), a la que sigue un melisma de siete notas sobre la sílaba final. En el manuscrito de Einsiedeln este melisma está compuesto por dos torculus que entre sí tienen un oriscus en aposición, que marca claramente una articulación sobre esa nota, mientras que el manuscrito de Laon muestra un torculus resupinus, seguido de un torculus cursivo. Este melisma, a su vez, prepara el verdadero objetivo del fraseo, es decir el verbo siguiente, saturávit, sobre cuya sílaba final se alcanza un LA, el culmen melódico expresivo de todo el canto. Cabría señalar también una posible alusión a los dones del Espíritu Santo con estas siete notas utilizadas en la construcción de dicho melisma.

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Fig. 4. Detalle sobre las palabras "petra melle" en el manuscrito de Einsiedeln. Nótese la bivirga sobre la primera sílaba de "petra" (primer recuadro a la izquierda), el cephalicus sobre la primera sílaba de "melle"(recuadro central) y el melisma de siete notas con el oriscus en aposición entre los dos torculus (recuadro a la derecha).

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Fig. 5. Detalle sobre las palabras "petra melle" en el manuscrito de Laon. Se pueden apreciar los dos uncinus con augete sobra la sílaba tónica de "petra" (primer recuadro a la izquierda), el cephalicus sobre la sílaba tónica de "melle" (recuadro central) y el melisma compuesto de torculus resupinus seguido de torculus sobre la sílaba final (recuadro a la derecha).

A la moderada construcción musical del primer inciso, Cibávit eos, sigue la declaración decisiva del canto, y se pasa de un moderado Cibávit a un solemne y enfático saturávit. Este verbo está claramente subrayado tanto en el manuscrito de Einsiedeln como en el de Laon. La sílaba tónica de saturávit está subrayada con una clivis episemada en Einsiedeln y una clivis disgregada con augete en Laon, a la cual sigue un salicus en Einsiedeln y un scandicus en Laon. La clivis episemada en Einsiedeln, además, tiene asociada la letra “l” (levare) es decir, muestra la necesidad de elevar el tono a nivel melódico. La miel de roca, es decir la sabiduría de Cristo, don de Pentecostés, de la cual son saciados los sujetos del texto de este salmo, es el verdadero núcleo expresivo del canto, se podría decir, la cima exegética de este texto pensado originalmente como introducción sonora de la Octava de Pentecostés.

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Fig. 6. Detalle sobre el verbo "saturávit" en el manuscrito de Einsiedeln. Se puede apreciar con claridad la clivis episemada sobre la sílaba tónica del verbo (recuadro a la izquierda) y el salicus final (recuadro a la derecha).

La ubicación original de este canto explica, por otra parte, la abundante presencia de Alleluia que se agregan al texto de la misma Antífona. Es preciso recordar que la resonancia de Pentecostés a través de toda su Octava, aún formaba parte, antes de la reforma litúrgica de Concilio Vaticano II, del Tiempo de Pascua, que es definido por muchos estudiosos como el tiempo del Alleluia. En este sentido no podemos dejar de notar una incongruencia, ciertamente necesaria pero real, entre el texto de esta Antífona, dotado de varios Alleluia, y su colocación en el contexto de Corpus Domini que, como ya se mencionó, actualmente es una Solemnidad ubicada en el Tiempo Ordinario y no en el Tiempo Pascual y, por tanto, no debería prever el añadido de Alleluia al texto. Esta inevitable dicotomía, está presente también en otros cantos del Proprium de esta Misa en su totalidad.

Como se puede ver, a partir de este breve análisis, la adaptación de cantos del llamado fondo auténtico, utilizando el principio de pertinencia, a celebraciones para las cuales no fueron destinados originalmente, ha sido una práctica común en la historia de la liturgia romana y ello provoca que sea necesario realizar un estudio cuidadoso de dichos cantos en su nueva ubicación, siempre con referencia a su ubicación original, para poder entender la exégesis original de la Iglesia con respecto a sus textos.

En este caso, la Iglesia pretendía originalmente señalar que uno de los principales frutos de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, sino es que el primero, era que aquellos que lo reciben son “saciados con la sabiduría de Cristo”, la miel de roca referida por el texto, y que ese verbo específico, “saciados” (saturávit) es en realidad, el centro expresivo de toda la Antífona. Este sentido original de la exégesis eclesial se ve, hasta cierto punto, opacado por la ubicación actual del canto, ya que el principio de pertinencia nos hace volver los ojos hacia el hecho de ser “alimentados con la flor de trigo”, es decir con el pan eucarístico, cuando en el proyecto original esta frase (Civábit eos ex ádipe fruménti) no recibe un tratamiento especial para darle relevancia. Originalmente lo que importa es ser saciados con la sabiduría de Cristo y el ser alimentados con la flor de trigo, pasa a segundo término, contrario a lo que ocurre con la ubicación actual de este canto.

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Fig. 7. Detalle sobre el verbo "saturávit en el manuscrito de Laon. Puede verse con claridad la clivis disgregada en dos uncinus con augete sobre la sílaba tónica (recuadro de la izquierda) y el scandicus sobre la sílaba final (recuadro a la derecha).

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Fig. 8. Íncipit del Introitus Cibávit eos en el manuscrito de Einsiedeln. Se puede notar la ligereza considerada para el verbo al que se asignan sólo valores cursivos: un tractulus inicial, seguido de un torculus cursivo y una virga, también cursiva.

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Fig. 9. Íncipit del Introitus Cibávit eos en el manuscrito de Laon en el que se aprecian los valores cursivos que se asignan al verbo inicial del texto: uncinus, seguido de torculus y finalizando con un uncinus, todos en grafía simple.

¿Es entonces un error cantar este Introitus en la Solemnidad del Corpus Domini? Por supuesto que no, pero al hacerlo hay que ser conscientes de la carga litúrgica que hay en él y que no puede ser ignorada. Más bien, habría que aprovechar esa carga para llenar de sentido la interpretación del canto y recordar que, si hoy podemos reconocer la presencia real y substancial de Cristo en el pan eucarístico, es debido ante todo a la acción del Espíritu Santo, gracias al cual podemos presenciar, en cada celebración de la Santa Misa, el milagro de la Transubstanciación. De esta forma, la Solemnidad del Corpus Domini cobra un sentido aún más profundo: celebramos y adoramos la presencia de Cristo en las especies eucarísticas y damos gracias al Espíritu Santo que hace posible que este milagro ocurra todos los días de manera casi imperceptible.

Pidamos entonces al Señor en esta Solemnidad de Corpus Domini que, al alimentarnos con su Cuerpo y Sangre, nos sacie también con su Espíritu Santo y nos permita llenarnos de la miel de roca que necesitamos para hacer vida el proyecto salvífico del Padre.

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